Santa Marta mantiene la atención sobre sus zonas de cobertura vegetal ante el riesgo de incendios forestales. Los cerros que rodean la ciudad, entre ellos sectores de Bureche, Ziruma, San Fernando y Bastidas, requieren especial cuidado durante la actual temporada de altas temperaturas y menor disponibilidad de humedad.
El llamado de ambientalistas y organismos de emergencia está dirigido principalmente a la ciudadanía que frecuenta estas zonas y que, de manera irresponsable, puede realizar fogatas o dejar residuos que terminen convirtiéndose en fuentes de ignición.
La advertencia adquiere mayor relevancia en un escenario climático que actualmente favorece la presencia de condiciones secas en diferentes regiones del país. El IDEAM ha reportado persistencia de temperaturas elevadas en el Caribe colombiano, incluyendo Santa Marta, Riohacha, Valledupar y otros municipios de la región.
Una chispa puede convertirse en una emergencia
En áreas de bosque seco tropical, buena parte de la vegetación puede presentar condiciones de mayor sequedad durante los periodos de altas temperaturas y baja humedad.
Una fogata que no sea completamente apagada, una colilla encendida o cualquier fuente de calor puede iniciar un incendio que posteriormente se extienda con ayuda del viento y la presencia de material vegetal seco.
Por esta razón, el llamado de las autoridades y organizaciones ambientales es a evitar cualquier tipo de fuego en zonas de cobertura vegetal y a no arrojar residuos que puedan favorecer una conflagración.
También resulta fundamental informar rápidamente a los organismos de emergencia ante la presencia de humo o llamas, especialmente cuando el incendio se encuentre próximo a viviendas, vías o zonas de difícil acceso.
El riesgo no es exclusivo de Santa Marta
La situación hace parte de un escenario nacional que mantiene en alerta al Sistema Nacional de Gestión del Riesgo.
La UNGRD informó el 6 de agosto que entre el 16 de junio y esa fecha se habían registrado 438 incendios forestales en 191 municipios de 19 departamentos, con una afectación aproximada de 7.153 hectáreas de cobertura vegetal. Tolima concentraba entonces el mayor número de eventos, seguido de Cundinamarca y Valle del Cauca.
El IDEAM, por su parte, mantiene un boletín especializado de amenaza por incendios de la cobertura vegetal, elaborado a partir de variables como las precipitaciones acumuladas, las temperaturas máximas registradas y las temperaturas previstas.
Esto significa que el riesgo debe analizarse municipio por municipio y de acuerdo con las condiciones meteorológicas, y no únicamente a partir de la presencia del fenómeno de El Niño.
El Niño aumenta la preocupación
El IDEAM confirmó el pasado 13 de agosto que las condiciones de El Niño continúan fortaleciéndose. Según el organismo, existe una probabilidad superior al 90 % de que estas condiciones persistan hasta el primer trimestre de 2027.
Además, el instituto estimó una probabilidad del 69 % de que el fenómeno alcance una intensidad considerada “muy fuerte” durante octubre, noviembre y diciembre de 2026.
Este escenario puede incrementar las presiones sobre los recursos hídricos y favorecer condiciones propicias para incendios, razón por la cual las autoridades han insistido en la prevención.
La prevención comienza en la ciudadanía
Los organismos de socorro y las organizaciones ambientales vienen desarrollando campañas para explicar a las comunidades cómo reducir el riesgo de incendios.
El mensaje es especialmente importante para quienes visitan los cerros durante fines de semana o jornadas recreativas: no encender fogatas, no arrojar colillas ni residuos y no dejar materiales inflamables en áreas de vegetación.
La recomendación también incluye evitar actividades que puedan generar chispas o fuentes de calor en zonas secas.
Una responsabilidad colectiva
Los cerros tutelares no solamente cumplen una función ambiental. También hacen parte del paisaje, el patrimonio natural y el equilibrio ecológico de Santa Marta.
Por eso, evitar un incendio forestal antes de que ocurra puede ser tan importante como responder a la emergencia una vez iniciada.
La alerta está sobre la mesa: altas temperaturas, condiciones de sequedad y actividades humanas pueden convertirse en una combinación peligrosa. La prevención, en este caso, empieza con una acción sencilla: no encender fuego y reportar oportunamente cualquier conato.




